Artículo de opinión publicado en prensa escrita por CARLOS ZAMORA SOLA (CEO de GRUPO OPTIUM)
Dos noticias estrechamente relacionas han venido estos días a resaltar una problemática latente en nuestro mercado laboral: los falsos autónomos. Una afecta a una conocida empresa de reparto de comida a domicilio, cuya polémica se empieza a esclarecer con la acción de la justicia, que ya ha declarado recientemente la relación laboral de uno de sus “autónomos”. La otra, referida a una cooperativa que facilitaba mano de obra a empresas cárnicas en forma de “autónomos”, quizás ha sido la más relevante en lo que se refiere a repercusiones, puesto que la acción de Inspección de Trabajo ha ocasionado la regularización de unos 5.000 falsos autónomos en España, de los cuales 500 prestan sus servicios en nuestra Comunidad. Ambos casos no son idénticos, tienen una casuística dispar y actores y procedimientos diferentes. Sin embargo, el problema de fondo es el mismo: la utilización de falsos autónomos con la finalidad de abaratar costes laborales y flexibilizar las relaciones laborales de un sistema excesivamente rígido. Observando estos casos desde la barrera consuela en cierta medida ver que las instituciones (Juzgado de lo Social por un lado e Inspección de Trabajo por otro) velan por los Derechos de los Trabajadores y que al final el sistema funciona y sabe trasladar las leyes del papel a los centros de trabajo. El lector además se verá moralmente reconfortado al comprobar que las grandes empresas no son inmunes a la legalidad
Pero me gustaría trasladar este debate a la pequeña y mediana empresa, y por qué no, a los autónomos que se aventuran a contratar, pues la problemática apuntada para los casos anteriores, es la misma o peor, pues para éstos establecer relaciones laborales no solo es rígido sino que además es gravoso. En este ámbito también existen falsos autónomos, incluso otras fórmulas más legalmente reprochables, pero ya no por la frívola finalidad del pelotazo o negocio hiperbólico, sino por causas más modestas como la supervivencia o la mínima competitividad con el entorno. No nos cuesta en absoluto empatizar con los afectados por la problemática de los falsos autónomos, al fin y al cabo son “victimas” del “abuso empresarial”. Sin embargo no somos capaces de acercarnos al punto de vista del pequeño empresario, que asume los riesgos de emprender y decide dar el gran saldo de contratar a trabajadores. El paso provoca vértigo: los costes salariales son caros, pues al salario bruto hay que añadir la cuota patronal de Seguridad Social, aproximadamente 1/3 parte del salario a pagar. Además el vínculo laboral en estos tiempos es más sagrado que el matrimonio, y por muchas facilidades que se quieran adivinar en nuestra normativa vigente, resolver esa relación obliga a pasar por caja de una forma u otra, pues aunque en la teoría hay posibilidades de evitarlo, en la práctica, ya sea por el excesivo proteccionismo o por la falta de adecuación del sistema, la indemnización es casi inevitable, y más cara cuanto más dura la relación laboral. Con esta situación, es comprensible que un pequeño empresario no se quiera “casar” con sus trabajadores y busque continuamente fórmulas alternativas.
Expuesta la problemática anterior, cae por su propio peso que la solución no pasa por pequeños “incentivos parche” ni un mayor endurecimiento de la acción Inspectora. El problema tiene una envergadura mayor y hay que atajarlo desde la raíz, no maquillarlo. El tejido empresarial lo forman en gran parte los autónomos y pequeñas y medianas empresa, a las que cada vez les resulta menos atractivo y más peligroso contratar trabajadores, y que cada vez busca con más ahínco los recovecos de nuestro ordenamiento laboral. Es paradójico puesto que una economía saludable pasa por acercarnos al pleno empleo. Pero para eso hay que liberar a la pequeña y mediana empresa de sus miedos e incentivarla a la creación del empleo. Pero incentivarla de verdad, no con caramelos de colores.
Después de lo escrito, se adivina mi opinión sobre la “derogación de la reforma laboral” que empieza murmurarse con la llegada del nuevo gobierno. No quiero ser agorero, pero recrudecer el Estatuto de los Trabajadores y retrotraerlo a tiempos pretéritos, no puede provocar sino una escapada al monte del colectivo emprendedor nacional.
Aunque atente directamente contra nuestra idiosincrasia y carácter latino, convendría, aunque solo sea a efectos didácticos, hacer un ejercicio de acercamiento a otros sistemas y ordenamientos laborales como el anglosajón y comparar números y problemáticas. Pero eso da para otro capítulo y una buena tertulia de sobremesa.







