Artículo de opinión de Carlos Zamora Sola, CEO de GRUPO OPTIUM publicado en Diario de Navarra
Se ha cumplido con las exigencias europeas, se ha alcanzado un consenso con el beneplácito de la Patronal (más vale un mal acuerdo que un buen pleito, como me recordaba ayer un amigo y compañero) y lo que es mas importante; baño de ego de nuestra ministra más mediática que ha logrado imponer sus voluntades, aunque descafeinadas, descoloridas y dejándose unos cuantos pelos en la gatera. Pues sí, ya tenemos preacuerdo que se materializará en la tan temida Reforma Laboral. Y digo reforma, porque uno de esos pelos que se ha dejado en la gatera el Gobierno con su ministra de trabajo a la cabeza es el concepto de “derogación de la reforma laboral”, que, aunque siendo una cuestión meramente semántica y comercial, reflejaba el ímpetu de las intenciones primeras, que no era otro que el radical vuelco y deriva del ordenamiento laboral hacia tiempos pretéritos, menos flexibles y menos amigos de la competitividad. Sin embargo, las presiones desde Europa, la coyuntura económica y el sentido común de cierto sector del gobierno han intervenido para bien. Como resultado, una invitación al consenso entre los agentes sociales, aunque en no en igualdad de fuerzas y armas (todavía queda reciente la consecuencia para la patronal por levantarse de la mesa de negociación con nuestro gobierno) y una medalla más en el henchido pecho de nuestra ministra de trabajo que nuevamente vuelve presumir de capacidad conciliadora
Lo cierto es, que después de anunciar a bombo y platillo la “derogación de la reforma”, si o si, con toda la parafernalia y mercadotecnia y siendo más una amenaza que una declaración de intenciones, esta “reforma” alivia en cierta manera a los que como un servidor vaticinaban el apocalipsis social con tan impetuosas formas. Pero no hay que olvidar que, aunque no tan radical como se preveía, esta reforma introduce cambios que con razón no son del agrado de gran parte del tejido empresarial de este país. En este sentido ya he pregonado alguna vez desde esta tribuna que la coyuntura nos empuja hacia otro tipo de medidas mas flexibles que puedan dotar a nuestro tejido empresarial de más capacidad de reacción y margen de maniobra. Tender al desencorsetamiento y no hacia el intervencionismo, puesto que conviene recordar, y ahora mas que nunca, que el motor del que depende la reactivación económica es el tejido empresarial (en su mayoría PYMES) y para seguir cumpliendo con su cometido necesita herramientas agiles y no continuos palos en la rueda.
Aunque firme defensor de los derechos sociales del trabajador, conviene puntualizar que no se puede arrogar al empresario la responsabilidad de la estabilidad económica del trabajador fomentando medidas sobreprotectoras que obliguen al empleador a garantizar trabajo estable y salarios fuera de mercado, aun arriesgando la viabilidad de la empresa.
Se pretende que el empresario adopte la figura de “Padrino” que vele por el bienestar económico de sus trabajadores, convirtiéndole en garante de su bienestar. En ese sentido tienden las normas a asegurar las Relaciones Laborales a golpe de imposición, disuadiendo claramente a los potenciales creadores de empleo. Pero la empresa no es una ONG y los emprendedores que arriesgan su patrimonio para poner en marcha proyectos empresariales no deberían tener obligaciones altruistas en ese sentido. Sin embargo, más allá de la legislación intervencionista, es evidente y de sentido común que una empresa que bajo un amparo legal propicio y una estabilidad económica alcanza una viabilidad y prosperidad termina reflejando claramente esa bonanza en las relaciones con sus empleados, cuya estabilidad económica va inexorablemente ligada a la estabilidad económica de su empleador. En el momento que no existe ese compás o coordinación, algo falla. Y esa es la sensación personal y subjetiva; se pretende asegurar la estabilidad y prosperidad del trabajador dejando a su suerte e imaginación la estabilidad del Empleador. Y eso a mi el sentido común me dice que no tiene mucho recorrido en el plano económico. Pero eso ya lo tendrán que juzgar los emprendedores y empleadores de este país y analizar si esta reforma les aporta la confianza suficiente para continuar generando empleo o por el contrario les disuade en cierta mediada de seguir arriesgando su patrimonio para seguir moviendo el motor económico de este país con la creación de puestos de trabajo.
Fuente: DIARIO DE NAVARRA







